Inmolación


Las cuchilladas de colorete,
aguardaron delirantes la ocasión
de la estacada perfecta.
Cercados por el pánico
sus ojos de funeral,
subastaban frente al espejo
los efímeros relámpagos
de su pasado…
Sin sangre,
donaba al hacedor
de sus manos endémicas,
el empuje de su humildad
sin la maldad de la moneda.
Ahora en una impecable eutanasia,
bajo la sombra de la arboleda
arde en llamas su osamenta.

Esfinge

De los huesos del tiempo
solo queda la vaguedad,
y como la letra de la historia popular:
huye con visaje ciego y oscuro
a ser etérea.
Entre las formas que se caen,
el criterio del crucifijo,
dona su infortunio como ejemplo
del arranque que descosió la tierra;
veis, la insipiencia,
nos puso juntos para el horror,
y sin embargo,
en la séptica de los bienes arcanos,
la deificación de los símbolos
ya no importa mucho...
Cuando el atletismo de mis colmillos
rechine en tus ojos,
lo que espanta a la muerte
ya no entra en rendimiento...
Ahora huye convincente de la luz.

Perdón eterno



Si el hoyo encadena
vuestro ritmo, Maestro,
es porque la planta alpestre
de los símbolos,
y los cuernos de prensa,
lideran el descenso
de las supremacías.

¡Nunca fueron sanos los infiernos!

Si el iniciado,
no ve flotar la puerta del limbo
sobre el dique de la noche,
debemos dejarlo morir.
Sirvace del sabor a hierba galopante
que tienen sus sangres,
y es como podemos salvarlos
de la segunda muerte;
del fin.




Poema sin nombre

Te reconoces un guerrero
de la felicidad,
pero en las profundidades
del montículo de las sombras,
aún llora una rosa negra
por amar a un inmortal,
Y me dices:
No hay consuelo.
No hay consuelo.
El fin del tiempo está cerca.
Ya viene la legión
de los que viven más allá
de la luz y de la oscuridad,
a rescatar a Sión...
y eso lo he escuchado
por miles de años.
Yo soy su Lord.
Yo soy su Lord.
Y ellos, son mis hermanos.



Excalibur


Excalibur, hazme instrumento de tu fuego eterno.
Donde haya noche,
que siembre yo el sol;
donde muerte, que yo sea redención;
donde haya tiempo, inmortalidad;
donde haya tempestad, ser calma;
y donde haya reveses, la victoria;
Oh, Excalibur, confiéreme
conducir mis hermanos a Sión;
no dormir sino despertar;
no privar sino convocar;
no confundir sino convencer;
pues es persistiendo que triunfaremos;
es triunfando que seremos legión,
porque es siendo libres que renacemos.