Ídolo de nadie


La fosca espesa de El Tigris
juega a esconderse
entre mis alas oscuras,
pero la brisa la descubre.
El cielo se rompe
y cae a gran altura
como diluvio de cristales,
y aparece El Portador de la Luz
sentado en el altar de los lexemas
apretando con su voz angelical
tan fuerte los morfemas
que, por complemento, enciende
cada ramo de la noche eterna.
Los ojos de los dioses
palidecen, y la Señora de los Pueblos,
se absorbe la esperanza;
hasta los buscadores de la profecía
han quemado sus candiles,
por no lograr fruncir las venas
de la verdad última.
Entonces, advertí, detrás de la risa de ángeles
y demonios, al Hijo de los Mortales,
quien se abría paso con su espada,
a redimir su especie dividida
por las divinidades.

5 Comentarios :

Pedro F. Báez 27 de octubre de 2010, 0:13  

Sacrificio, ceremonia de ofrenda en los altares paganos. Sahumerios de sándalo y mirto aromatizando las abluciones de azufre sobre fuego. El "hijo del hombre" (¿eres tú, Roger? ¿o es Jesucristo?) trayendo con su espada el mensaje monoteísta o tal vez, ateísta, ante la confusión reinante entre tantos dioses y panteones regionales. Suntuoso e impresionante. Me dejó con un paisaje de esclavos iluminados por las llamas de las antorchas de un templo en Tebas o Luxor, y la procesión faraónica avanzando al cántico de coros y sacerdotes; con la Gran Pirámide y la Esfinge distinguibles a lo lejos. ¡Fastuoso! Abrazos, Roger querido,

Roger Rivero 4 de noviembre de 2010, 12:39  

Gracias Pedro por tu generosidad, y sabes, algo asi es lo que imagine, asi mismo, eres grande!!!!

Alma Mateos Taborda 27 de octubre de 2011, 17:04  

Excepcional poema.También disfruto de los rituales de tus letras que elevan a la poesía. Un abrazo,

Ismael U. V 1 de noviembre de 2011, 8:36  

Excelente poema, has traido el retrato de la emocion de los dioses sobre el altar de este universo donde diluvian cristales, y se absorven esperanzas, que inmensidad, que potentes imagenes se acuestan en tus palabras.
Otra poesia perfecta, sos imparable
Saludos poeta

Al Hrrera 11 de noviembre de 2011, 11:00  

A veces creo que la fé ha muerto al fin, que la fé ha dejado de existir en este mundo, tan podrida, tan carcinosa...
y ahora que veo esto, la extraño, y me doy cuenta que en algun momento yo mismo deseaba su muerte...

Amo tu poesía, que evoca la dialéctica,a veces tan subjetiva, a veces... racional. Un abrazo, mi poeta.

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