Paisaje etéreo

Las minas de sal
agobiadas por la vida de fondo,
están posadas hoy en la brisa,
en los cojines,
en las enredaderas del campo;
hoy están cerrando
por gusto la marcha del tiempo.
¿A dónde se fugan
las heridas del espíritu?
se preguntan los mineros,
sentados sobre la espina dorsal
del laberinto,
y yo, cansado de coser a mano
sus vidrios y alabeos orgánicos,
no me animo a responder,
sino a perforar coordenadas
en la plataforma
y las fibras del diseño,
pero descubro,
que las minas de sal
no son sólidas, sino puramente
acuáticas,
rojizas,
almibaradas,
que con sus ondas,
encubren los códigos
que despojan al campo
de la vacuidad;
y me presto
a disolver su aislamiento,
pero la salobridad de la pena,
exige mucha más sal,
para darle sabor
a las cosas de la tierra,
que la sal que yo
carente de amargura
le puedo brindar.

1 comentario:

María Ramos dijo...

Siempre serás un perfecto guardian del pensamiento disuelto en la palabra...con o sin sal. Gracias por tus poemas.