Canta para mí


Háblame del hombre bueno
y de la mujer también,
del gesto hermoso de sus honestidades;
de lo bello que es compartir a su lado
nuestros momentos de duda
y lucidez.
Háblame de la sinceridad de mis pueblos
no sólo de sus errores y defectos,
por amor a la verdad,
háblame con tu vehemencia del hombre
que se afana por un mundo mejor,
del que ofrece su tiempo al necesitado,
del que te dio la mano inesperada
a su manera,
del que te bendijo,
del que te sirvió,
del que te escuchó
cuando tu grito era urgente…
Háblame, convérsame de la ternura
de nuestra gente
para que los hijos venideros del mundo
lo escuchen de ti y la vean natural,
tan natural cómo tú veis hoy la miseria,
la depredación, el egoísmo y la desesperanza popular.
En fin, háblame del ser humano sin voceros ya,
del que no hay muchas noticias todavía;
sin pretensiones,
en su alegría de hermanos,
con la simpleza del campo, el aroma del café…
si tú, el de la pluma errante,
exprésalos sin temor a la inquisición,
a la mujer, el hombre, al niño, el anciano,
y quienes se caen, y se levantan aferrados
al sueño de algo mejor,
claro, si no te duele la sangre.

De Ruedas del Tiempo

Bases orbitales


He visto volar la tapa de la noche
con el prisma de los eclipses;
a los sabios deshilachar la luz
para coser epigramas tristes.

Yo presencié el nacimiento
de los cambios de ideas a ritos;
y el descenso de las máquinas
por sobre las aguas del mar.

Yo ví a los obreros del cristal
secando el vapor de sus relojes;
y a los músicos rastreando asteroides
en la pesca de materia musical.

De: Inteligencia Artificial

Pobre pequeñas cosas

















Cada domingo enjuagan su pena
en aguas de un viejo sermón,
como mansas ovejas.
Detrás del templo, en el horizonte,
los soñadores colectivos,
escondieron las evidencias
de que aquí la verdad,
es lo desconocido.
Ellas siguen al líder en el camino
por donde él volverá
cuando todas se hayan ido.
En la retaguardia,
unas pocas cuestionarán
el origen de la lana de su abrigo,
pero la indagación se disipa
con la promesa
de un buen cargo en el paraiso.

Anticredo

Si voy a escudriñar en un libro,
entonces me hago de un libro,
pero si quiero encontrar a Dios
no ceso hasta que le encuentre.
Es que tengo hambre de Dios.
Y esto es un anhelo
que no aspira a la mediocridad,
que no calma su indagación
con las citas que ya se escribieron…
No es la apetencia de forjar
con la duda un dios.
No es un deseo de creer en creencias.
No es un ansia por el pedestre antifaz
para luego juzgar al mundo.
Lo mío, no es una impaciencia
por declamar pasajes de memoria,
Tampoco tengo el deseo oriental
por adorar el silencio.
En fin, porque tengo hambre de Dios
apártense, que quiero conocerlo.


De Ruedas del Tiempo

Los centinelas de las musas











Dicen los centinelas de las musas
que lo nuestro no es poesía,
porque no somos sinsontes mecánicos de cuerda,
porque no somos titiriteros de la rima.

Ellos creen que escribimos con rebeldía
por nuestro escaso interés
en quedar bien con los sonetos.

Pero ya lo han dicho otros poetas:
¡No somos ventrílocuos, Señores!

Disculpe que nuestras odas
son sobre seres ficticios,
que nuestro ritmo deje en sus sillas
mal parado a los expertos.

Perdone que nuestro gorrión
enmudezca ante la jaula dorada
de su preceptiva.

Sin pretensión o impacto literario,
lo nuestro también es poesía.

Dualidades

De Ruedas del Tiempo:



















No nos gusta la fama,
pero queremos ser reconocidos.
Detestamos la autoridad,
pero terminamos haciendo lo que se nos dice.
Somos pacíficos,
pero nuestra historia es violenta.
Somos religiosos,
pero no toleraremos mucho una creencia distinta.
No nos gusta la doble moral,
pero no podemos ser iguales con todo el mundo.
Si estamos contra la propiedad privada,
será en tanto no se fijen en la propiedad de uno.
Todos somos iguales,
pero cada ser humano es distinto.
Estamos contra la pobreza,
pero no alimentamos a nadie.
No nos gusta acondicionarnos,
pero somos un fajo de influencias.
Nos quejamos del mundo,
pero el mundo se queja de nosotros.

Mito de lo absoluto











Mito de lo absoluto

Oye tú!..(Que dices ser luz para ciegos
y tu visión la verdadera…)
¿Habría luz en ti sin la invidencia ajena?

¡Oye tú!... (Que tienes la llave de la cárcel
y gastas tu tiempo mostrando la salida…)
¿Por qué sigues de este lado de la reja?

Torna la mirada a la luz.

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Tribal

El presidente de la tribu,
antes de salir a dar su discurso
tiene una comitiva uniformada,
que se asegura de colgar
los cuadros de los valientes
cazadores del pasado
alrededor de la tribuna presidencial;
entonces sale el cacique,
gurú o visionario,
saluda, y se dirige al clan:

"¡Oh, Patria!"

Hace siglos,
dejaron el arco y la flecha,
por regios desfiles militares,
pero todavía son primitivos.
Ahora podemos ver
al monarca moderno, con su escuadra,
desfilando por la televisión;
exhibiendo los tanques,
saludando y juntando sus manos
hacia el cielo,
manos que se funden con las banderas,
entre cantos y consignas de borregos.

"¡Muera esto!" "¡Viva aquello!"
"¡Abajo tal cosa!" "¡Arriba la otra!"