La ciudad de los inmortales


Sión, hazme instrumento
de tu fuego eterno.
Donde cunda la noche,
que siembre yo el sol;
donde muerte, que yo sea redención;
donde haya tiempo, inmortalidad;
donde haya tempestad, ser calma;
y donde haya reveses, la victoria;
Oh, Excalibur, confiéreme
conducir mis hermanos a Sión;
no dormir sino despertar;
no privar sino convocar;
no confundir sino convencer;
pues es persistiendo que triunfaremos;
es triunfando que seremos legión,
porque es siendo libres que renacemos.

1 comentario:

Gino dijo...

Ah Roger, que poema tan profundo, tan de todos, nosotros los errantes en busca de nuestro Sion.
Un abrazo.
Gino.