El arte de maravillarse con las maquinarias



Fragmentos de lunas ahogadas en una lluvia de plasma, sanaban la mente y aliviaban el corazón de una anciana transparente de otra dimensión.  Desmenuzando los evangelios que las viejas calles procesan, provoca que el albor de los metales, más oscuros que la luz, siempre respondan a sus lamentos simulando las siluetas de los ángeles.

De pronto, los borradores de memoria escurriendo su universo interior, le envían insinuaciones de otros mundos cuando ella se pone en silencio, pero por detrás,  infiltran despacio el paseo oligárquico de las memorias, hasta invadirle por completo el cerebro.

Entonces la muerte se aproxima, el descenso se ejecuta, un mecanismo giratorio desconocido es activado y en forma simultanea, aparece delante:  La máquina, y esa  era la señal esperada por ella para morir segura, de que ya nunca más estaría sola.

Como sabemos, la seguridad es un mito porque nada es permanente, sin embargo, ella nunca lo supo porque habia belleza en su ingenuidad. 

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