Reliquia



Tan abstruso y oscuro,
hambriento y lascivo;
venenoso, furioso y completo,
a la vez, pintoresco, alarmante,
educado y silencioso;
tan él es que empalidecido
en su ataúd flagelado,
no deja de enfriar el reloj del espíritu,
porque el realismo ha partido
tras la estatua rapsódica
con la timidez del sonido
de la eternidad.



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