Luz verde



Los ciegos
le permitieron:
desflorar las palabras
que se acumularon en el olvido;
poseer el color claro de un discurso
ambivalente y sin canal,
que opacara el contorno destruido
del punto de intersección de las mañanas.
¿Mandaste a vulnerar alguna vez quién eres?
Fue lo primero
que le preguntaron
a la entrada del matadero de los moldes
del pasado.
Los ciegos
también le aprobaron:
romper los vidrios de la eternidad;
cargar consigo las transferencias de entropía;
ir a través de los tejidos sin calefacción
correspondientes al estilo expresivo  de los espejos;
una bandera de agua;
pigmentos que tiren del día hacia las mallas del cambio.
Le admitieron la facultad cónica de los árboles.
Todo lo que debía hacer,
era detectar el tema componente de la palabra
para esta enfermedad de los libros,
sondear sin términos ociosos
los  fatídicos tonos blancos
en la gracia salvadora de la luz de la luna,
y demoler la depresión en la tienda de las trompetas,
antes de entrar en el laberinto.
Después de consumar las pruebas,
los ciegos de esta historia,
terminaron comiéndose
el odio rancio de sus sombras,
y él acabó, cuan invicto pero tenebroso héroe
inmerso en la caza por la narrativa,
través de la secuencia
donde se detiene la indicación
de no erosionar una casa de laureles
en la rampa de los pensamientos más profundos.

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