El laberinto







Me pusiste en una celda,

y después te fuiste a descansar;

de manera que ello explica la razón

por la cual nos abandonaste.

Con el pretexto de tus enredos,

nos encerraste en la cárcel

sin lugar a dónde pedir ayuda

ni por donde salir de aquí,

como queriendo decir:

arréglensela como puedan.   

¿Cómo puedo perdonarte?

No obstante, dejaste el caso

y todo lo relativo a tu identidad,

en manos de la propaganda

y de la autoridad, quizás por miedo

a que sin ellos, no existieras.

No cambias, tú siempre eres igual:

te encantan los rodeos y los misterios,

para tener a mi gente como zombis

confiados en una endeble seguridad.

Luego, cuando se te habla,

no eres capaz de mirarme a los ojos,

ni de contestar directamente,

aun sabiendo de antemano

que a los seres así

no les tengo confianza alguna.

¿Cómo puedes perdonarte?

Siempre me acusas de imperfecto

y de pecador, pero a ver, dime, cuéntame

¿qué morbo te da eso?

¿Quién hizo el veneno y el antídoto, sino tú?

¿Qué gracia tiene permitir

una violación, o dejar morir en un día, 

a 4000 personas en forma gasificada?

¿Cómo puedo perdonarte?

Si esto lo creaste tú, no yo,

lo lógico es que atiendas tus enredos.

Así que por favor, deja el rencor,

la venganza contra los inocentes,

y tu afán de división.

Cámbiate a ti mismo primero,

antes que a los demás, 

y no seas tan presuntuoso

porque es mas bella la humildad.

Tú tampoco eres perfecto,

porque si mal no recuerdo,

ya que interrumpiste el supuesto descanso,

para hablar de tu divino plan,

¿por qué, en donde debiste, más que nunca,

ser frontal, mandaste a repartir

esos libros y la propaganda de control

que han dividido a mis hermanos?

¿Cómo puedes perdonarte? Dime.

¿Sabes la cantidad de sangre derramada

por ese detalle tan pequeño

a través de los siglos?

No, no eres perfecto.

Dejaste que Hitler hiciera lo que hizo,

pero a Lenon, que va; a ese te lo llevaste rápido de aquí.

A propósito,  ¿te causó pena lo de Hiroshima?

Bueno, cómo lo vas a saber,

si siempre estas durmiendo,

y la mayoría de las veces que despiertas, es para joder,

ya sea con una guerra nueva,

algún desastre natural

o con algún loco,

que necesita (como tú para sentirse real,)

de la propaganda

y de amplia cobertura de prensa

a la hora de bombardear una escuela

de niños.

¿Cómo puedo perdonarte?

No creas que con una bella mañana,

un hermoso atardecer,

una noche estrellada,

una canción o un poema,

vas a solventar tu deuda conmigo,

ni pretendas que yo me vuelva

un adorador del silencio

como hacen en la India;

porque te equivocas;

si me conoces bien,

sabes que nunca he sido ni seré

lo que no soy. 

¿Cómo puedes perdonarte?

Haces todo lo posible

para mostrarte desconocido,

desde que dividiste a mis hermanos

en buenos y malos,

en escogidos y desechados,

entre esto o aquello, en fin,

la celda se ha vuelto un desastre con eso…

y estoy cansado, estamos cansados

pues son ya 120 000 años

en este lío del veneno y el antídoto,

de la enfermedad y la medicina.

No entiendo cual es tu obsesión

con el sacrificio y la perfección

pues no eres perfecto.

Algo perfecto, seria dejar vivir en paz

a mis hermanos,

buscarte a otros que se identifiquen

contigo, pero lejos de aquí; perfecto seria

que te fueras a otra galaxia

con tus ángeles y demonios,

o que tomes un espejo,

y te juzgues a ti mismo,

lo cual seria un milagro.

Así que por  aquellos que murieron

buscando un mundo bonito,  

te pregunto,

sabiendo que no me mirarás

a los ojos, ni me responderás:

¿Cómo puedes perdonarte?