Atalaya


















Era un propósito en lo que no tiene fin,
otra interconexión del vasto formulario
donde los destinos se cruzan.
Era un millar de ojos abiertos a la luz,
una igualación de desequilibrios,
y una linterna escaneando los sueños.
Era un lugar sin acuse,
con las secuelas felices del casino,
y los derechos a la televisión.
Era ahogar en los rascacielos la furia animal,
y los patrones insondables del dolor,
sin derramar una lágrima.
Era un tríptico de crucifixiones;
una bala, un disparo, un ajuste de cuenta
al reloj gigante que nos devora a diario.
Era una toma de conciencia sobre las sombras
que en las noches más oscuras de la danza
silencian los gritos de los que sufren callados.

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