Necesito:













Una tiza,
para expresar en palabras
mis períodos de asfixias en la pizarra,
en contraste, con el paraíso de su olor
impregnado en la ropa intima. 
Un pincel,
para dibujar la viviente resonancia
de las cruces en llamas
que fueron necesarias para ver mejor
la materia cruda
de la excavadora vaginal,
constructiva,
que a veces ronda mi imaginación
con un pene.
Un lapicero,
para reproducir el punto inconexo
del jazz con mis sensores.
Será para algún otro escondite,
no para mi.
Necesito un teclado
para contar la historia
de un frecuentador de cabezas
con otro banal enfoque,
sobre la honestidad por teléfono.
Y un taladro,
para borrar el itinerario
de la masacre,
y su duplicado lateral. 

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