La esperanza frente al detalle

No hay que apelar por una caída ciega,
herir los ríos con los ojos,
articular las horas sepultadas,
mostrar el orgullo hipnotizado,
correr por ser implacables,
ni escondernos en la guarida ojerosa
de una habitación topográfica de puntos.
No hay que lanzar los dados del deseo de expectación,
percibir la estructura orgánica de una dirección errónea,
escondernos en el tiempo de intervalo
de una sujeción insomne,
definirnos en el desheredo del fin
que es roto por lo que apuesta en efecto
cuando sus fibras se abrochan de luz.
No hay que ser excesivamente débiles
cuando el destino gira sobre créditos oscuros,
desmantelar la estructura invisible sin ser vistos,
empacar la angustia inmóvil,
acanalar la debilidad,
donar el infortunio de los ejemplos,
o cuidar del hundimiento.
Hoy no hay que modelar alas de corceles opacos,
abandonar la excavación en el túnel,
disponer del remedio apocalíptico,
seducir a un espíritu guardián,
iniciar una batalla de asuntos comunes,
prender el silencio del corazón,
ni ofrecer como cuchilla la orilla de nuestras puntas.
Hoy no hay que añadir encima de lo que ocultan,
practicar la adivinación exclusiva en un terreno de voces,
identificar la consonancia parda de una temprana reunión ridícula,
o arriendar la senda incomprensible del velatorio.
No hay que infringir la renta intelectual de la obediencia,
romper mensajes etéreos,
erradicar el parangón de la ceniza,
conseguir los derrames que profetizan el detalle que ató una hiedra,
atesorar jeroglíficos,
o entregarnos a una redundancia extraña al vuelo,
porque hoy, es la Ópera de los Inmortales.

Este es el ultimo boceto de los poemas que puedo compartir de “Opera de los inmortales.” El ‘libro negro’ estará disponible para la fecha de Halloween.

Ven y rompe una vez más el alma

Ropas de cama y carne:
las sombras de tu área geográfica
deleitaron mi esencia; siquiera conservo
la seducción por fechar nuestras fantasías.
Y entre todas ellas el fulgor de tus colmillos
clavados en mi cuello de bosque,
confieso que me hace caer de las formas.
Ahora déjame llevarte lejos de este valle
de símbolos escritos en los templos,
a recorrer mis dimensiones.
Atrévete a caminar esta película
escondida entre los helechos,
que al final de la simbiosis
junto a las vírgenes de la alucinación
que cuida la tarde rota en pedazos,
es que estoy yo esperándote, desnuda y lista
como una ninfa enfurecida,
toda hambrienta de tu amor.


Nacido para ser víctima

Con tu látigo,
Oh, mera célula de vampiro,
Oh, oreja nublada con la esperma
de algún demonio;
con tu látigo de poca monta
¿pretendes azotarte eternamente?
Sois una ingenua apostasía.
Por mi voluntad,
ahora mismo, puedo quitarte
el aliento de la vida,
desvalijarte de la autoconfianza
o dejarte soltero de alma;
ahora mismo puedo hechizarte
de miseria infligida
hasta el final de los tiempos.
Y le dijo seguidamente:
Desde hoy serás invisible ante mí,
en cambio, yo seré
lo único que tu veras
en donde quiera que te encuentres.
Yo soy Muerte.

Hechicera


Yo grito de placer a la noche,
a mi novia la oscuridad,
quien antes de mis sueños
y por toda su belleza,
cuan guardiana en los abismos
donde el tesoro de la sonoridad
anhela sentirse cierto,
me extiende una metástasis de luz
debajo del terciopelo en mi reposo,
colocando así su pantalla
de carbono y estrellas ,
a la entrada del alba de las piedras,
sin olvidar, el compromiso visceral
por la pena del cosmos,
quien con horrores eternamente jóvenes
muerde mis manos de polvo ,
por el apetito de los retratos
hasta lograr, que mi esqueleto sangre
todavía el tinte de los obstáculos,
y que por medio de detonaciones,
me desvincule yo mis ojos
para rodar con ella
sobre la hierba maravillosa,
y gritar juntos éste placer
de inmolarnos por un numen,
con olor a tierra mojada.

Tentación


Muéstrame,
tú cuello de duende,
que del ánimo y el cardo
me ocupo yo.
De merodearme la locura,
ofréceme el dolor
que enjoya mis alas,
pero con agua bendita;
o enciérrame,
esooo… encarcélame
en tú hipódromo de cristal,
para que me hagas pagar
descruzando tus piernas,
cada multa personal
con la obediencia
de tú látigo.

Comunicador de las cosas

Todos tenemos un secreto.
Y el mío es un lago tenebroso
de aguas misteriosas y profundas.
En lo más intimo, tengo eso
de un barquero con su velero activo,
entre el celaje que va del cielo al infierno.
Él, a su vez, tiene mi secreto escondido
en el polvo sobre sus heridas;
vive por mi, y por esa rúbrica
cree que el fin le asegurará la gloria.
Luego transporta a las almas
que quieren conocer el otro lado.
Y como uno: no adora al dolor,
obliga al limbo a denunciar el olvido,
y sabe leer las señales de la luna.
Pero dejaría de ser un secreto,
si revelo el axioma de oscuridad
que puede matar a ángeles y demonios,
porque la flor negra, debe vivir.

El dios de los sueños

Contigo yo soy,
aunque tu intuición
expurgada de la vida,
no pueda contener
esta manada de choque;
contigo yo soy,
porque absorto en la tristeza,
arrastras tus ruedecillas
hasta mi pared más intima,
sin desconfianza.
Contigo yo soy
en el escondite de mi cama,
a la par de tu mente,
y en todas las auditorias
sobre las direcciones
con los nombrecitos del tiempo;
OH, mi ángel,
contigo yo soy,
aunque después te arropes
bajo el manto del desconcierto,
y busques experimentar
entre mis pesadillas,
los alcaloides
de una vagina galáctica.
Contigo yo soy,
aunque Zeus
no te perdonara
que me revelaras tus secretos.
Pero hoy,
que Zeus ha muerto,
y yo te he resucitado,
juntos hackeraremos
el lenguaje de los sueños,
Morfeo.