Llamamiento ingrávido

  
   Aturdido por la luna, Samuel deja su casa y va a rendirse a las largas distancias del campo; le gusta cantar entre los montes y las laderas,  escuchar el propio curso blanquecino de sus ecos. Él apareció de la nada en mi historia, ocupado en desplazar la corriente que defrauda los latidos de su corazón. Se había olvidado de vivir.

   Samuel, en síntesis, se montó en una pauta hereditaria, a establecer una posición práctica hacia el enfoque a sus problemas personales, pero en el aire endeble que palpita la caída de la figura más pesada del momento. Y eso le condujo a la incomprensibilidad.

   Samuel, ciertamente, terminó con la restricción del silencio y con la suma dictaminada por el proceso figurativo de la rigidez en el pensamiento. Recordó su mortalidad.

   Después de aventar la natación alrededor del cuidado del pesimismo, se va caminando tranquilamente a buscar el sol, para habitar después del trasnocho, en el objeto de una melodía geográfica, que el movimiento de adoración primitivo modifica, para que nunca despierte de este sueño dentro de otro hasta el infinito.

Rigor mortis

  

  Un mar de caras, un mar de vidas, el proceso de tránsito peatonal por las arterias lineales del fino expreso de las corrientes de sílabas, la caída del número de celda, o de cuarto, en la puerta de cada hogar donde el aterrizaje forzoso de las facturas es noticia; el olor de la reducción mediana que hay en los parques; la fisura congénita de gravedad, electromagnetismo y de descargas eléctricas en los sanatorios por todo el país; la desviación sin intenciones frívolas en templos y mezquitas; la huelga estudiantil para que los sacerdotes se acerquen de una vez al acto sexual. A eso le añadimos: un mar de ojos, un mar de oídos y ríos de lenguas que desembocan en el dopaje multitudinario de la frigidez neuronal que habita en los bolsillos; asimismo, tiene la tempestad del cuestionamiento general porque se legislan mentiras en el varado teatro del gobierno; también, hay restos de ese material alcalino descompuesto que corrompe las universidades; hay huellas del honorable respiro en muchas esquinas de los seres, que frente al espejo público, vuelven la vista al infinito. Por último, su tatuaje divulga la visión congénita de repugnancia por la delincuencia o lo militar; la desventura disfuncional de la política; la opinión puntiaguda en las oficinas de los abogados, la energía desobediente de los pocos que podían pensar inclusive sobre  la vieja incertidumbre, siempre fresca y sin sellar de que algo anda mal en todo el mundo. En síntesis, camillero, al entrar a la morgue, a mano izquierda hay otro prototipo de la fertilidad del polvo y su ensamblaje, con la etiqueta número 8. Por favor, llévaselo al tanatopractor, para que en un par de horas esté disponible y sea transportado a la funeraria, dígale que va de parte del médico forense.

  El camillero desapareció por el pasillo camino a la morgue, maravillado de tanta elocuencia, y pensado para si mismo:

__ Tal parece que fueran a enterrar a esta sociedad moderna. 

Fiesta de las calaveras


    Una y otra vez, volvemos a las fosas receptoras de estos huesos vencidos por el tiro de gracia del reloj, pero sin paralizarnos por la luz del faro eterno de la vida. De nuevo, somos criaturas imaginarias hechas con despojos espirituales; somos otra vez, los amantes sulfurosos de las zanjas laceradas por el tiempo, allí donde miles de mariposas salen a mendigar a diario  la renta mística que acapara el bolsillo de un monte borracho de gusanos. Nuevamente, el aliento rítmico de frías lapidas de mármol se hace eco del baile de la muerte ante el peligro de las telarañas de carne con sus procesos corporales; de nuevo aquí, tú y yo, amada mía, sumidos en el afán por cubrir el esqueleto, con prendas perfumadas del olor a túneles y cámaras.

   Una y otra vez, se vuelcan nuestras posturas más lóbregas y panorámicas, a dar retoques venenosos en los monumentos frente a los espíritus; ellos sentados en los asientos frenéticos del parque, miran un horizonte de rosas y flores disecadas, en tanto los vivos visitantes, parecen ajenos a la purificación acromática, a las mareas interiores, a las cumbres perturbadas, a los corredores del pasado que a todos nos arrastra, a las ranuras de cenizas, a las secuelas de la enumeración repentina, a los apreciables contornos donde el caos termina. Parecen insensibles ante los estigmas a prueba de agresores, no respetan la obligación de estar muertos para alguien; no sé que les pasa por la mente para estar ajenos al silencio desaguado de las lapidas raídas, a la atracción por las ruinas, a la putridez de los santuarios expresivos y al fin de una pausa sin rescate; entonces, ciegos al destello de las cruces, mudos para tú nombre y mi nombre y sordos para escuchar nuestros conciertos, vienen a visitarnos, una y otra vez agasajados hasta morir.

La tribulación de un examen de arena

  
   Ella llora debido a la tendencia de su mente por venerar el dolor y por la aseveración de un ensayo compuesto de muslos. Eva gime por un blindaje contra el tedio, porque en el fondo debe soportar su idioma de conclusiones y, por la ninfomanía de un derrame de peces en su propio laberinto púdico. Solloza, la pobre, por olvidarse de su boca sedienta de besos y por la palidez erótica de su piel, siempre desafiando con autoengaños su simpatía por los sorbos de un tabú.

   Le salen lágrimas negras por los poros, lamentos que en su cintura, se convierten en el arroyo de puntadas extendido sobre la seda del campo. Eva llora por los libros inspiradores,  por la sede de su camuflaje, y por los golpes atmosféricos del candelabro antiguo que utiliza para desparasitar sus aspiraciones. Y lo hace con sinceridad, desde el clamor de las venas, empezando en el torso, pasando a través de los ojos y terminado en los oídos. Pero aunque no lo creas, ella sonríe a veces. Y cuando ríe, igualmente lo hace hasta llorar. Eva ríe cuando tiene el dominio conector de las figuras, o al respirar el gas de la vegetación mientras se fuma un cigarro. Sonríe, además, ante el flujo bípedo del zoom de alguna turista en el túnel al sol, y se vuelve un poco zalamera ante la mirada del chico guapo con el pincel que la dibuja llorando ríos de neblina.

Enchilada sicodélica




 Ingredientes:

8 constelaciones de setas alucinógenas
1 bote de homenaje a cualquier patada 
1 sobre de falsa invasión alienígena
1 bote de lunas exiguas a la vanguardia
400 gramos de la neblina de dínamos
1 cucharada de cartas inauditas
100 gramos del semen de un poema 
100 gramos de antipatía felpa
75 gramos de la embriaguez del cristal






Preparación:

1.- Calentar el campo deportivo del calendario a 175º. En un parilla de dientes, ligar la neblina de dínamos, el homenaje a cualquier patada, las lunas exiguas, las cartas inauditas y la antipatía felpa. Mezclar bien.

2.- Extender dos cucharadas del homenaje a cualquier patada sobre las constelaciones de setas alucinógenas. Cubrir cada una con la mezcla de la neblina de dinamos.  Enrollar las constelaciones de setas alucinógenas y colocarlas juntas hacia abajo sobre la parilla de dientes engrasada. Cubrir las enchiladas con la falsa invasión alienígena y con lo que queda de la salsa. Rociar con la embriaguez del cristal y el semen de un poema. Cubrir la parilla con aluminio.

3.- Hornear a 175º de 45 minutos a 1 hora o hasta que el fuego sea leído y esté completamente caliente. Retirar el aluminio  durante los últimos 5 minutos de cocción.


Acompañar con auras renacidas.

Contenedor de esferas y edades


  De morar los rincones con sabor púrpura. Nacido del diario vivir en las localidades horizontales de los siempre extraños universos fractales, aprendí a dormir dentro de los filamentos cubiertos con el hollín de las películas, para saber qué era el tiempo, asimismo, busqué cómo aprender a arroparme con el tapiz del piso de la catedral y a comer sobre los balancines elásticos en donde solo espigan estudios y monjes, hasta la edad de la razón. Mas tarde, entre las curvas de la espiral, cuando no tenía un mantel individual contra las columnas psíquicas, tan solo por el derecho propio a la bandeja alimenticia de este hospital de insanos, me prendía de la tribuna del talonario para dirigirme al espacio exterior, porque las veces que necesitaba un indulto para la oscuridad, nunca me dieron la visa. 

   Sin todavía manchar las paredes con mi interioridad, envíe la ambrosía de mi leche en un coche con techo de metal y hombres desnudos a la isla donde la nieve no puede pronunciar mal una pausa. Sin embargo, a pesar de mantenerme sensitivo ante el encanto de los carruajes que doblan las mecedoras de los diccionarios fortuitos, prefiero las vacaciones de los doctores, porque me la paso banqueteando el brote más viejo de las fotografías del cumpleaños de Mary Jane en su vida pasada… En resumen: existo en múltiples dimensiones, desde los confines del cosmos, hasta los bordes del universo.

Anuncio de permuta de silencios conjuntivos



El intercambio de sicodélia es una opción que beneficia a los viajeros del estado infinito y, a los mutantes que tienen dificultad para vender sus trenes de aterrizaje. 

Descripción:

   Se permuta una piel vibrante de sonido, totalmente vallada de incoherencia rítmica y con vista a la vocalización loca del famoso jardín de las orquídeas de ámbar, con posibilidad de mutar el verbalismo y las palabras adyacentes que los medios silentes ordenan.

Permutaría por…

   La cambiaria por la esencia del hombre en conserva, sin que la tasa de interés me lance su mejor vampiro, con vista a la concepción congénita de la lupa, lejos de la incesante espinilla de la dominación, y del seductor equilátero del río vil del zodíaco, con espacio suficiente para un cuarto de bengalas y mi nave espacial.

Bostezo

   Un bostezo surrealista, por ejemplo, es el ejercicio incontrolado de abrir de repente la apertura bucal, para abatir el firmamento por medio de  los latidos de un socorro con fecha indefinida; ocurre una inhalación profunda del compás íntimo de las mariposas, a la que sigue una espiración que hace temblar los sueños, con cierre final de la boca.

   Cuando se bosteza de manera surrealista, además de la agitación viviente del perfume consagrado a la contemplación de lo mudo, se estiran los músculos faciales de una enfermedad descabellada en el fusible nacional, se inclina hacia atrás los trastos de un mito apasionado al neón, se cierran las linternas del cartón acústico y se entona el detalle que hace rugir por completo el ocaso, también, se lagrimean los cambios de estados que hay en el camino, se saliva el tratado de las muñecas, se abren las trompetas de la  alcancía masiva y se realizan muchas otras acciones imprecisas. El bostezo surrealista es un mensaje no verbal desde el inhóspito techado del útero de la caja de Pandora, con diferentes significados:

•    Puede ser un indicador de cansancio al mensaje de las cavernas, estrés por el diluvio en posición de cruce de las memorias mayores, exceso de trabajo en los matices del sepia o aburrimiento por derribar los medios de abrir. Asimismo, en algunos casos, por hambre de un tiempo desconocido.

•    Una actividad que indica descompresión en la entrega del alma, tras un estado de premeditación óptica que heredaba la mirada propia para rociarnos de dudas.

•   Un mecanismo de expresión de emociones colocado para despertar los testimonios  de una carrera desaparecida de gigantes.

   Un bostezo surrealista puede expresar fuertes mensajes antisociales, desde una marcha de tachuelas, hasta el incendio de las mentes de papel humedecidas por las lágrimas de las barracas.

   Se ha verificado que por medio de las neuronas de espejo, el tiempo como medida estalla por combustión espontánea, la peregrinación de los molinos de viento recitan su inmortalidad y algunas personas, responden al bostezo surrealista con otro bostezo surrealista como cualquier mamífero. 

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